22/9/11

Discografía de Abel Córdoba

Con la Orquesta de Osvaldo Pugliese

01 Enamorado estoy [13-01-63]
02 Cómo aprender a quererte [20-12-63]
03 Abrazo fraternal (dúo con Jorge Maciel) [10-10-64]
04 Nido gaucho (dúo con Jorge Maciel) [10-12-64]
05 Canción de rango [15-01-65]
06 Yo soy del treinta [16-07-65]
07 Whisky [26-11-65]
08 Carmen (dúo con Jorge Maciel) [21-12-65]
09 Con voz rebelde [27-01-66]
10 Se tiran conmigo [21-09-66]
11 El inquilino [17-11-66]
12 Sin gritar [06-01-67]
13 Una lágrima [14-01-67]
14 Bien de abajo [25-01-67]
15 Imagen campera (dúo con Jorge Maciel) [06-04-67]
16 Tangueando te quiero [06-05-67]
17 El Negro Cambambá [16-08-67]
18 Muñequita [17-11-68]
19 Mi primer goal [09-12-68]
20 El encopao [14-12-68]
21 Canción para un niño negro [19-01-69]
22 Manón [04-02-69]
23 Tu angustia y mi dolor [04-11-69]
24 Pavadas [27-12-69]
25 Te quiero como te quiero (29-12-69)
26 Hasta el último tren [1970]
27 Che, colectivero [1970]
28 No me pregunten por qué [12-05-72]
29 Ni triste ni solo [12-05-72]
30 Si se calla el cantor [17-07-72]
31 Tormento [17-07-72]
32 Los hermanos [06-12-72]
33 Poema N° 2 (El jubilado) [06-12-72]
34 La vaquita [22-12-72]
35 Corchito [27-12-72]
36 La Canción de Buenos Aires [03-05-74]
37 Te quiero [27-09-74]
38 Callejera [11-12-74]
39 Uno [14-05-76]
40 Adiós, pampa mía [04-06-76]
41 Tiempos viejos [13-10-76]
42 Sur [14-10-76]
43 Recién [10-09-80]
44 Tiempo de tranvías [01-07-81]
45 Cómo se pianta la vida [08-07-81]
46 Después [01-08-81]
47 De espaldas [03-08-82]
48 A mí me copa el tango [15-11-82]
49 Preguntas para mi viejo [16-10-84]
50 Milonga para Gardel [25-04-85]
51 Pa' lo que te va a durar [21-05-85]
52 Melodía de arrabal [11-11-85]
53 Por unos ojos negros [21-04-86]
54 Aquel encuentro [18-06-86]
55 Compañera (Impreso en 2003)

Miguel Recuerdo
(22/09/11)

Tiene el corazón anclado en San Francisco.

“Yo nací en Caballito, pero a los cuarenta días me piantaron para Córdoba, así que por adopción soy sanfrancisqueño”, así dice Abelardo González. Porteño de nacimiento y cordobés por adopción, debutó en la orquesta de Pugliese el 10 de octubre de 1964.

Fue el último cantor del Maestro y en sus 31 años de actuación en la orquesta, compartió la responsabilidad vocal “estable” con Jorge Maciel, Alfredo Belusi y Adrían Guida. A él le cabe además, la particularidad de haber actuado como único cantor de don Osvaldo, desde 1968 hasta 1980.

Dueño de una voz de barítono y una “particular expresión dramática” – según el decir de algunos de sus biógrafos– Abel se adentró en la melodía de los temas que le tocó interpretar, acompañando “la profundidad de sus bajos” con “largos sostenidos finales.”

No obstante haber sido por muchos años el único cantor de la orquesta de Pugliese y haber acompañado al “Maestro” en sus giras de mayor relevancia, Abel Córdoba no concretó muchas grabaciones con la orquesta.

De él existen 51 grabaciones tomadas desde estudios, tres de ellas a dúo con Jorge Maciel y dos con Adrián Guida más otro disco registrado en Odeón, junto a Guida, del tango “La cumparsita”, el cual al parecer permanece aún inédito. Se puede también “encontrar registros de su voz con la orquesta”, tomados de actuaciones especiales, uno de ellos a dúo con Estela Raval. Pugliese, Abel Córdoba y Guida (La Maga) A pesar de sus buenas condiciones vocales y humanas, Abel Córdoba nunca despertó en los seguidores de don Osvaldo la misma pasión que la mayoría de quienes lo precedieron en el tiempo. De sus discos, destacamos: "Enamorado estoy" de Oscar Zito y letra de José Márquez, "Canción de rango" de Raúl Kaplún y José María Suñé, "Manón" de Arturo De Bassi y Antonio Podestá y muchos años después, "Milonga para Gardel" de Viván y Sanguinetti, en esta oportunidad a dúo con Adrián Guida, y "Por unos ojos negros" de José Dames y Horacio Sanguinetti.

Abel Córdoba, le cantó al mundo entero con el corazón anclado en San Francisco.

Hace más de cuarenta años que Abel Córdoba representa a San Francisco en los más jerarquizados escenarios del país y del mundo. Su apellido se identifica en forma inequívoca con la provincia que lo vio nacer artísticamente, y en la que aún viven muchos de sus afectos más sentidos.

El espaldarazo a su carrera profesional ocurrió en 1964 cuando, tras ganar un concurso a nivel nacional, se incorporó a la orquesta del maestro Osvaldo Pugliese, en la que cantó durante 31 años. Conoció así el halago grande del éxito, actuó en escenarios de tres continentes y fue distinguido en varias ocasiones por su trayectoria artística; hasta se dio el lujo de cantar en el teatro Colón de Buenos Aires.

Por esas vueltas de la vida, Abelardo Niceto González, alias El Pibe, nació en el barrio de Caballito, Buenos Aires, el 19 de julio de 1937, pero cuarenta días después ya respiraba el aire de San Francisco, donde sus padres, Abelardo Carlos Valerio González y María Teresa Fenoglio, se habían radicado con un negocio de almacén y bar, en la esquina de Independencia y España (hoy sede de la UCR). Allí nacerán sus hermanas Delia y Beatriz; años después, los González se fueron a vivir a una casa ubicada en bulevar Buenos Aires 757, lugar de nacimiento de Fernando, el menor de la familia.

El Pibe vivirá una infancia feliz: cursará la primaria en las escuelas Iturraspe y Terminal Hipólito Yrigoyen, irá religiosamente a misa todos los domingo a la parroquia Cristo Rey; jugará al fútbol en  Cañoneros Unidos y Tigre y se reunirá invariablemente  con la barra en la esquina de Castelli y San Luis, donde las horas discurrían ociosas en medio de juegos, cuentos, bromas y comentarios de fútbol. Vendrá después el Nacional San Martín (Comercial), en el que conocerá a nuevos amigos, con quienes compartirá no sólo el aula sino también largas horas de billar en el bar de Pedrotti, ubicado en el mismo inmueble donde había vivido su infancia temprana; en ese refugio bohemio comenzará a desplegar sus dotes de cantor en ciernes.

Contemporáneamente, de la mano del inolvidable “Tero”  Demarchi, aprendió el oficio de letrista y pintó carteles durante un tiempo. En 1954 conoció a Néstor Chávez, un amigo extra barrial, con quien compartía la pasión por el tango. Ambos disfrutaban cantando para sus amigos los mismos temas que  la orquesta de Alfredo De Ángelis interpretaba en el Glostora Tango Club, con las voces de Carlos Dante y Oscar Larroca.

El miércoles 11 de enero de 1956, los dos amigos tocarán el cielo con las manos; durante un baile en Bomberos, en el que actuaba  el maestro De Ángelis, éste tras escucharlos brevemente en la sala de máquinas del cuartel, los hizo subir al escenario para que cantaran con su orquesta dos valses: Mi ambición y Adiós, adiós, actuación que repetirán pocos días después en Arroyito (Córdoba).

En julio de ese mismo año, el Pibe hará su primera incursión como solista en un programa de LV2. de Córdoba. Aconsejado por Larroca, comenzó a estudiar canto con la profesora Prosperina Galetto (calle San Luis al 600), y poco después se incorporó al Cuarteto Cena de la localidad de Devoto. Pasó a cantar luego, junto a Chávez, con el nombre de Rubén González, en la orquesta típica Renacimiento, que dirigía el bandoneonista ciego Juan Carlos Mattiachi.

En 1957, por mediación de Oscar Larroca, el Pibe se incorporó a la orquesta Juventud Triunfadora, de la ciudad de Córdoba, dirigida por el pianista Armando Duc, que interpretaba música típica al estilo de la orquesta de Alfredo De Angelis. Su debut, con el nombre de Abel Galé, tuvo lugar el 16 de febrero de 1957 en el escenario del Club Jawase, en la misma capital provincial. Al año siguiente, su carrera artística sufrió un breve impasse, con motivo de su incorporación al servicio militar, obligación que cumplió en la Escuela de Artillería de Córdoba.

Desvinculado de Juventud Triunfadora, pasó a formar parte de la orquesta de Eduardo Baravalle, haciéndolo luego, en forma sucesiva, en Los Tres Señores del Tango, Quinteto de Oro y en su propia orquesta, dirigida musicalmente por el bandoneonista Norberto Pivatto.

En 1963, decidido a probar suerte, viajó a Buenos Aires y se fue a vivir a la casa de los hermanos Héctor y Hugo Navarro, dos amigos de San Francisco. Mientras se ganaba el sustento trabajando en la obra en construcción que el primero dirigía en la esquina de Corrientes y Aguirre, en la Capital Federal, Abel participaba de concursos y festivales, buscando afanosamente la oportunidad que le abriera  el camino del éxito. Sus esfuerzos fueron vanos y la suerte esquiva. En 1964 regresó a San Francisco para fortalecer su ánimo y el bolsillo, y poder así buscar una segunda oportunidad en Buenos Aires.

En la ciudad de sus amores cantó en bares y confiterías (Molino de Oro, Don Marcelo, la Oriental, etc.), haciéndolo también en Rosario, Las Rosas, San Jorge y otras localidades de la región. El destino le tenía preparado una sorpresa mayúscula, impensable en ese momento. Actuando en un show en el bar Oriental, su amigo Martinengo le presentó  al apoderado de la orquesta de Osvaldo Pugliese, el Negro Mela, quien luego de escucharlo cantar lo invitó a participar del concurso que se había organizado para suplir a Alfredo Belusi.

Pocos días después, Abel viajó a Córdoba  para hacer una prueba frente a los integrantes de la orquesta, que actuaba en Rieles Argentinos. La aprobación fue unánime, aunque todavía debía pasar el examen final en Buenos Aires, compitiendo con dos porteños y un rosarino. En esa  ocasión cantó dos tangos: Whisky y Por la vuelta. Se transformó así en Abel Córdoba, nombre que le impuso el animador Julio Jorge Nelson al enterarse de su procedencia cordobesa. Su debut con el maestro Pugliese (vocalizando junto a Jorge Maciel) se produjo el 10 de octubre de 1964 en Ezeiza y Saladillo, oportunidad en que interpretó los tangos Enamorado estoy y Whisky.

Prontamente Abel impuso su recia personalidad tanguera y comenzó a mezclarse con los grandes del espectáculo. En 1965, la orquesta compartió cartel en el Maipo con Tita Merello, Don Pelele y Dringue Farías, entre otros. Después vino la gira por Japón, que duró seis meses, con alrededor de cien recitales en sus principales ciudades. El prestigio de la orquesta estaba en alza (no obstante la separación de varios de sus músicos), lo que dio lugar a nuevas giras internacionales: dos más a Japón, dos a Francia, seis  a Holanda, Bélgica, Finlandia, España y Portugal, tres a New York y varias más a Los Ángeles, Chicago, Detroit y San Francisco y casi todos los países latinoamericanos; años más tarde, realizará una extensa gira por China.

La muerte de Pugliese en 1995, impulsó a Abel a proseguir su carrera como solista, presentándose en Chicago (USA), Perú, Colombia, Ecuador, Chile, Uruguay, etc. Después, integrando la orquesta Color Tango cumplió una nueva gira europea, actuando en escenarios de Holanda, Bélgica e Italia. En los últimos años ha actuado en prestigiosos reductos tangueros de la Capital Federal, así como en Rosario y otras ciudades del interior del país.

Todos los años  Abel  vuelve a San Francisco para participar de un encuentro artístico que ya es clásico entre los sanfrancisqueños, compartiendo escenario con sus coterráneos Carlos “Negro” Bergesio y Néstor “Cacho” Doliani, dos cantores que también han dejado su impronta en el campo de la música popular.

Durante esos días aprovecha para estar con sus hermanos y demás familiares, y revalorizar viejos afectos. Repitiendo una costumbre muy arraigada en él, camina por las calles del barrio que acunó su niñez y  visita los lugares que su sensibilidad ha entronizado en lo más profundo de su alma. En ese despreocupado flaneo busca con afán el reencuentro de viejos rostros queridos y evoca, con dulce melancolía, el recuerdo de los que ya no están.

Abel Córdoba nunca se dejó encandilar por los fulgores del éxito. Detrás de su pinta de galán maduro palpita un ser inmensamente humilde y sensible, muy apegado a su terruño y a los amigos de siempre. Ya es historia que un día  el destino lo vino a buscar a su casa y se lo llevó a Buenos Aires, donde con talento y esfuerzo construyó su fama de cantor.

Hace ya muchos años que el Pibe se alejó de su ciudad; aunque, en realidad, él nunca se fue de ella. Tiene el corazón anclado en San Francisco.

José Alberto Navarro
historia@josealbertonavarro.com

San Francisco, mayo de 2010.


NOTA: Quienes deseen comunicarse con Abel Córdoba, pueden

hacerlo llamando al teléfono 011-4545 9032.

10/9/11

Jueves, 28 de julio, 2011
Nelly Omar, la vieja más vieja del tango argentino
Diego Jemio - 29-07-2011
                                            Nelly Omar
"Tengo las manos hinchadas. Mirá cómo están…". Extiende los brazos como quien toma distancia para formar fila en el colegio y muestra esos dedos largos, llenos de manchas y de venas gordas y azules que corren como un río. En septiembre cumplirá 100 años, pero ella dice que no está del todo bien, que tiene que buscar los lentes y que a veces se cansa al leer. Cuando lo cuenta, se fastidia no por el dolor sino por la incomodidad que le genera.

Cantante, compositora y actriz, Nelly Omar es la vieja más vieja del tango argentino. Una suerte de leyenda viva de este género que hoy es for export, pero que cuando ella comenzó era reducto carcelario y de mala muerte. En un mundo de hombres, ella fue aviadora amateur, amiga íntima de Eva Duarte de Perón, amante fervorosa de cantores de tangos –como Homero Manzi- y personaje prohibido a raíz de su apoyo al peronismo.



 




Ahora, Buenos Aires le prepara un gran homenaje para su cumpleaños en el mítico estadio Luna Park del centro porteño. Lejos de todo eso, sin preocuparse por el recital y atendiendo pocos de los llamados que recibe, Nelly está sentada en su modesto departamento del barrio porteño de Palermo. Le dice al fotógrafo que la saque como "una piba de 20 años". Invita a agua, muestra los premios que ganó y comienza a hablar sin que le pregunten. La mayoría de los personajes que nombra forman parte de la historia argentina del último siglo. Son músicos, poetas, políticos, intelectuales… Y todos tienen algo en común: están muertos. No debe ser fácil vivir tanto. No debe ser fácil soportar la soledad del inmortal.

Nelly habla sin dilaciones. Si alguien cerrara los ojos y no viera esa cara arrugada como una nuez, tendría la impresión de que la protagonista es una mujer que vivió algunos años, que tuvo sus experiencias. Pero jamás diría que es centenaria. "El mío era un pueblo como todos los pueblos. Tenía una iglesia, una municipalidad y su plaza. Había una laguna de la que se sacaban pejerreyes hermosos. Éramos cinco varones y cinco mujeres. Yo soy la séptima. Pero ahora, no queda nadie. Sólo tengo una sobrina, pero nunca me visita".

Guaminí, el lugar donde nació, tiene hoy 2.000 habitantes. Es un pueblo agricultor y ganadero, a casi 500 kilómetros al sudoeste de la ciudad de Buenos Aires. En ese registro civil, anotaron a la pequeña Nilda Elvira Vattuone –tal es su verdadero nombre– un 11 de septiembre de 1911.

Cuando tenía 11 años, se interrumpió lo que el lugar común llama "una infancia feliz". Su papá –todavía hoy habla de él con adoración– se estaba preparando para ir al Teatro Colón, que en esos años era el nuevo gran orgullo argentino por su tamaño y acústica. Se puso el traje negro y cuando quiso prenderse el cuello no pudo. Su mujer lo quiso ayudar y el hombre –testarudo capataz genovés– cayó redondo al suelo cuando lo intentó nuevamente. Luego de la muerte del único sostén, la familia entera se mudó a Buenos Aires y Nelly dejó el colegio para trabajar. Primero en una fábrica de medias y luego, en cualquier cosa.

La vida no era fácil en casa. En esos años, su hermana se hizo amiga de Carola Lorenzini, la primera mujer en obtener el título de instructor de vuelo en América del Sur. Las llevó un día a volar y su vida cambió. "Era lo mío. No sabe lo lindo que es volar", dice. Se para y saca de un estante un avión en miniatura que le regalaron en la Fuerza Aérea Argentina. "Es lindo, ¿no?".

A su madre no le hizo mucha gracia el oficio que quería abrazar Nelly. Con el tiempo, uno de sus hermanos la anotó sin consultarle en un concurso de canto. Ahí cambió todo. Claro que lo ganó. Claro que le hicieron un contrato y así comenzó a gambetear la pobreza a canto pelado. "Yo tenía 16 años. Ni me acuerdo cómo cantaba, pero para ellos tendría que haber sido destacada. Se cantaba así nomás, sin micrófono ni nada, a grito pelado". El concurso trajo un contrato en la radio por 180 pesos, algo que para ella era una fortuna.

Gardel y Evita

Con el tiempo, su nombre fue ganando espacio en las radios y en los recitales de aquella Buenos Aires de los años treinta y cuarenta. Era una ciudad repleta de cancionistas y de poetas, en plena ebullición cultural. Se componían, en aquellos años, algunas de las grandes obras que aún hoy se cantan para los turistas en espectáculos a 100 dólares la entrada. Nelly hacía repertorio propio y prestado; primero de folclore de Buenos Aires y luego puramente tanguero. En su casa, se escuchaba a los grandes tenores y a Carlos Gardel.

No es fácil encontrar en el Buenos Aires de hoy alguien que haya conocido a Gardel. A veces, da la impresión de que no existió. Todos hablan de él, sus obras se siguen escuchando y los nostálgicos dicen que "cada día canta mejor". Nelly lo conoció y recuerda. "Mi papá era amigo de Gardel. En una gira que hizo, vino a mi pueblo y mi papá lo hizo cantar en el Teatro del Prado. Cuando terminó la función, vinieron a casa. Estaban en el hall, pero los chicos –yo tendría unos cinco años- no podíamos estar en esas reuniones. Tengo la imagen a través de la cerradura. Vi un balde con una botella y vi a un señor gordo, de traje, con un peinado con raya al medio. ¡Era Gardel! Luego, lo seguía en los teatros y en el cine". Nelly está recordando algo que pasó en 1916 y lo cuenta con lujo de detalles. Al rato, dirá que se olvida de las letras que tiene que cantar en el Luna Park. Al escucharla, es difícil dejar de pensar en el carácter selectivo y misterioso de la memoria.

También habla con mucho cariño de "mi amiga Evita", esposa de Juan Domingo Perón y una de las figuras más influyentes de la vida política argentina del siglo XX. Se conocieron en los años cuarenta, en un aeroclub en la localidad bonaerense de Quilmes. "Las dos veníamos de la radio y ella todavía no conocía a Perón. Nos hicimos muy amigas. Un día, ella me dijo: 'Vamos a hacer una confidencia. Yo te quiero contar cómo fue mi vida triste. Y vos me contás la tuya, pero queda entre nosotras'. Así fue. Las dos respetamos el pacto".

La amistad con Evita le dio trabajo en los festivales oficiales del peronismo –primero ad honorem– y luego contratos en horarios centrales en las mejores radios. "Alguna vez, ella me preguntó por qué estaba tan flaca. 'Será porque no trabajo tanto', le contesté. Después de eso, ella me puso en emisoras en las que me preguntaban cuánto quería ganar. Me parecía que estaba soñando. Ahí llegó mi nueva vida. Le debo mucho a Perón y a Evita. Ellos querían ayudar al pobre, al pobrerío, a los viejos… Ella tuvo la idea de país y él armó todo".

Esa nueva vida de Nelly incluía trabajos bien remunerados, una casa quinta de diez hectáreas con chofer y siete empleados a su servicio. Pero así como la infancia feliz quedó trunca, los años de fama y dinero también. A mediados de los cincuenta, un golpe de Estado derrocó al entonces presidente Juan Domingo Perón. Con el nuevo Gobierno de facto, muchos artistas fueron inscriptos en listas negras por apoyar al peronismo. Entre ellos, estaba Nelly Omar, que primero se exilió en Uruguay y luego en Venezuela. En total, estuvo 17 años sin poder trabajar con continuidad. "Tuve que vender el piano, mi casa, todo… Entraron cinco militares con armas a mi casa. Yo sufrí horrores", recuerda. Y se le espejan los ojos celestes. Se la acusaba de ser peronista. Uno de sus delitos fue haber grabado la canción La descamisada, creada en 1955 para apoyar la candidatura de Perón a la presidencia. "Soy la mujer argentina, la que nunca se doblega, y la que siempre se juega por Evita y por Perón", cantaba Nelly.
***
Luego de casi un mes de charlas telefónicas, Nelly aceptó conceder una entrevista, pero dijo que prefería hacerla en un bar. "Mi casa me intimida", se excusó. Quizá le da cierto pudor la austeridad de este piso de un dormitorio, sin empleados y rodeada de discos y libros viejos. Finalmente, terminó acordando la charla en su lugar. Cuando habla de la proscripción, se le borra la sonrisa de los primeros minutos, la de la broma con el fotógrafo. Y desaparece la Omar que dice que nunca tuvo problemas para moverse en un ambiente tanguero sexista. Aparece entonces la otra Nelly, la que piensa que no es tan fantástico llegar a los 100 años. La mujer a la que –con razón– le pesa el tiempo y, sobre todo, los amores perdidos.

"Me casé la primera vez en el 35 para irme de mi casa, pero me ensarté. A los dos meses ya estaba separada, pero viviendo bajo el mismo techo. Estuve así ocho años. En esa época, la gente no se separaba. Y cuando decidí romper con ese desgraciado, mi familia estuvo cinco años sin hablarme. Él era un maricón de mierda, al que todo le importaba un bledo. Era un malandra". Cuenta que después se casó con el compositor de folclore Aníbal Cufré, que tenía una familia paralela en la provincia de San Luis. "Yo estaba enamorada de él, hasta que un día me enteré de todo por un telegrama. Ese mismo día lo eché de patitas a la calle". "El que sí fue buenísimo conmigo fue Héctor Oviedo. Un hombre excepcional, con el que me hubiese quedado toda la vida. Yo tenía 25 años más que él", se ilusiona y mira hacia el balcón de su piso catorce. Pero justo el hombre al que más quiso se murió de un cáncer.

Si hay algo que abunda en el mundillo del tango de aquellos años son las historias de amor. Son todas apasionadas, con mujeres despechadas y hombres tan cobardes como brillantes para escribir canciones. Todos conocen la historia de amor entre Francisco Canaro y Ada Falcón. Él estaba casado, pero amaba a la cancionista. Cuando ella supo que nunca sería suyo, regaló todos sus bienes y fue a recluirse en un convento en las sierras de la provincia de Córdoba, a 700 kilómetros de Buenos Aires. Nelly Omar fue, durante muchos años, "la otra" de Homero Manzi, ese genial letrista, político y director de cine. Para la familia Manzi, ella es mala palabra y en una película biográfica que hicieron no aparece mencionada. A Nelly le importa tan poco…

–¿Manzi fue el amor de su vida?
–No, yo fui el gran amor de él. No sabía qué hacer para seducirme y yo no le daba bolilla. Una vez, cuando volvió de México, me trajo una valija llena de joyas, oro y diamantes. Me salió la Nelly Omar y le dije: "¿Vos qué te creíste? Pensás que me vas a comprar con toda esa porquería. Llevásela a tu mujer y hundite con ella". Quería que se mate, que se muera, no me importaba nada. Él había prometido separarse y no lo hizo. Después me mandó a buscar cuando se enfermó.
–¿A usted le dedicó el tango Malena?
–Claro, ¿a quién más se lo iba a hacer? Estaba loco por mí.

Homero Manzi compuso la letra de Malena en 1941. "Malena canta el tango como ninguna y en cada verso pone su corazón. A yuyo del suburbio su voz perfuma, Malena tiene pena de bandoneón…", comienza el tango, uno de los más interpretados de la historia del género. Hay dos leyendas. Una dice que Manzi se la dedicó a una mujer que conoció en Brasil. Y la otra que fue a Nelly, con quien mantuvo un romance que era un secreto a voces en el ambiente. A esta altura, nada importa. Omar y el tango están en esa etapa en la que mito e historia se mezclan en partes iguales.

"A mí me importa un bledo que Manzi me haya hecho o no Malena. ¿Sabés qué hizo cuando estaba enfermo? Le pidió al médico que liberara el hospital de parientes y me citó una noche a las cuatro de la mañana. No quería soltarme la mano. Su mujer me odiaba. 'Antes que verte con ésa, prefiero verte muerto', le decía. Y hacía caso el muy cobarde".
Nelly Omar no tuvo hijos y tiene solo una sobrina que no la visita nunca. Dice que no se podía quedar embarazada –"ni con uno ni con otro"– y que nunca le preocupó demasiado ni se hizo ver por los médicos. "Será el destino, no sé…".

–¿Y se enamoró de nuevo?
Hace dos años. ¿Podés creerlo? Enamorarme a los 97 años. Es un taxista más joven que yo y pertenece a otra cultura..–¿Cuál es el problema con eso?
–Es evangelista y ellos no se casan con los que no son de la misma rama. Yo creo que él me quiere porque no me deja. Me llama todas las mañanas y cuando tengo que salir lo llamo para que me busque. Intento no buscarlo mucho. Si no me ama, ¿para qué insistir, no? Me hago daño yo también.
–¿Siente que tuvo suerte en el amor?
–No, no tuve –lo dice tan compungida, lo dice con palabras que son un lamento, como si en ese momento los amores se fracturaran y salieran disparados en varias direcciones a la vez; en direcciones que, claro, nunca son la suyas–. Yo hubiera sido una mujer muy fiel con un hombre, pero no pude. A uno lo eché, el otro se murió y Manzi no se quiso separar para estar conmigo. Siempre quise amar, pero no se dio. Quizá la felicidad no se hizo para mí.
***
Es lunes a la tarde en Buenos Aires. El cielo es sepia y en unas horas estas calles estarán semivacías. Se escucharán, a lo lejos y con sordina, el ulular de las sirenas tan típicos de las urbes inmensas y sórdidas. La rutina de la mujer a la que apodaron "la Gardel con polleras" es muy sencilla. Se acuesta temprano y se levanta al alba. Una mujer la ayuda con las tareas de la casa y ella se pasa el día leyendo y escuchando viejos discos. A veces, cada tanto, sale al dentista o llega alguien a visitarla. Al correo de su casa le llegan invitaciones que siempre rechaza. "Mis amigos más cercanos se murieron ya. Y los que quedan están grandes: ya no se puede contar con ellos", se lamenta.
Afuera, el Buenos Aires tanguero espera que cumpla 100 años, tal vez por esa obsesión estúpida de los números redondos y para alimentar el mito. Ella, lejos de todo, dice que el tango se bastardeó, que los cancionistas suenan todos iguales. Y que el consejo para llegar sana a la vejez es "comer y caminar poco, dormir mucho y alimentarse con la lectura". Por momentos, da la sensación de que Nelly Omar está cansada de llevarse puesta.

–¿Fantasea con la muerte? ¿Le seduce la idea de que todo se termine?
–Estoy deseando que llegue porque yo soy inútil, pese a que todavía puedo cantar. Todos están hablando de mi cumpleaños y del Luna Park. ¿Sabés qué tengo ganas de hacer? Esconderme en algún lado durante esos días y que nadie me encuentre. Una mujer que piensa como yo, que habla como yo, no puede terminar sus días sentada en una silla. Pero la gente nunca ve más allá. Todos dicen: ¡Qué maravilla, qué bien que estás! Piensan que es una bendición, pero es una desgracia que la cabeza te carbure tan bien. No es fácil vivir como yo, con la cabeza tan clara. Los años te echan a jorobar. La gente no sabe nada y cada vez me aburren más las cosas que dicen. Todos hablan de lo caro que está el mercado y nadie te cuenta sobre el último libro que leyó. Hay otras cosas además de cantar. Vos actuás una hora y la gente no se acuerda más de vos. Cuando terminás, volvés a tu casa y estás sola.
–¿Y quién le gustaría que la reciba en casa?
–Alguien que me ame y que después de un concierto me diga: "Nelly, qué bien estuviste". Tomaríamos un té y seríamos felices. Pero es demasiado tarde para todo eso.